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Trucos para mantener fresco su árbol de Navidad

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Cinthia Almanza
PA-DIGITAL

El árbol de Navidad es tal vez uno de los símbolos más representativos de la Navidad.

Es motivo de alegría y unión familiar. Su decoración es un tema obligado. Sin embargo, al adquirirlo debemos tomar en cuenta que este tipo de árbol no forma parte de nuestra flora, por lo tanto, su cuidado y mantenimiento deben ser especiales.

Por ello, en esta edición le ofrecemos algunas recomendaciones que se deben poner en práctica a la hora de llevar el árbol a casa. La idea es mantenerlo hermoso, sano y con aroma el mayor tiempo posible, para que el espíritu de las fiestas perdure en nuestra casa y en nuestros corazones.

Consistencia.
En primer lugar, para asegurarse de que el árbol de Navidad que va a comprar no tiene mucho tiempo de haber sido cortado, le recomendamos revisar las agujas que forman las ramas. La mejor forma de hacerlo es tomar una y doblarla entre sus dedos, si se parte inmediatamente, el árbol no está fresco, porque las agujas de los arbolitos frescos se doblan en vez de partirse.

Color.
Busque un árbol que tenga una coloración igual en todas sus ramas, porque algunos de estos se muestran de un verde profundo en algunas, pero en las otras se ven de un color grisáceo, lo que indica que se está secando.

Poda.
Realice un corte fresco que tome de ¼ a 1 pulgada de grosor en forma de disco, este corte debe ser perpendicular al eje del tallo.

No realice el corte del tronco en ángulo o en forma de v, ya que esto dificulta mucho que el árbol se detenga en su base y reduce el agua disponible para este.

Ubicación.
Cuando lo ubique en su casa, asegúrese de que no quede cercano a las fuentes de calor, hacen que el árbol se seque más rápido.

Tamaño.
Al adquirir su arbolito, verifique el alto del lugar donde va a ubicarlo. Si la altura de la habitación es menor a 2 metros, este no debe medir más de 1,70 metros.

En casas con techos altos se verán muy bien árboles altos, de hasta 2.10 metros.

Humedad.
Cuando ya tenga el árbol en su residencia, haga lo necesario para que no se seque muy rápido manteniendo su tronco en agua todo el tiempo, pero sin llegar a ahogarlo. Se recomienda llenar el recipiente donde introduzca el arbolito tres veces al día los primeros días que lo tenga en casa. En los comercios locales, o bien donde adquiera su árbol de Navidad, usted puede adquirir productos especializados para mantener fresco, sano y con aroma al mismo.

Luminosidad.
Procure que su árbol no reciba la luz solar directa. Tampoco lo ubique cerca o frente a fuertes corrientes de viento, mucho menos lo exponga a la lluvia. Para decorarlo, utilice focos que emanan poco calor. Los foquitos miniatura son excelentes en este sentido.

Recuerde, un árbol de Navidad es un producto que viene de otro tipo de clima y temperaturas, por lo tanto, para que nos dure y alegre toda la Navidad, tome las medidas necesarias para cuidarlo y mantenerlo hermoso, sano y con ese aroma peculiar.

El verdadero significado del árbol de Navidad



En muchas casas el árbol es el adorno principal de la Navidad. Es una tradición que se remonta a muchos y muchos años. El origen del árbol navideño reside entre el segundo y el tercer milenio a.c. En aquella época, los pueblos indoeuropeos que se expandían por Europa y Asia, tenían a los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la naturaleza, y por ellas rendían culto. Con la llegada del otoño e invierno, cuando las hojas de los árboles se caían, trataban de compensar al árbol con diferentes adornos.



Leyendas del árbol de Navidad


- Existe una leyenda que cuenta que en la primera mitad del siglo VIII un roble que los paganos creían sagrado cayó sobre un abeto, pero éste quedó milagrosamente intacto, por lo que fue proclamado el árbol del Niño Jesús. Su forma triangular se explicó como representativa de la Santísima Trinidad, con el Dios Padre en la cúspide.




- Otra leyenda es tan antigua como el propio cultivo del abeto. Cuenta que en el siglo VIII, un monje inglés, llamado Winfrid, taló en Nochebuena, un roble que era utilizado en las festividades paganas para ofrecer vidas en sacrificio. En ese mismo lugar brotó “milagrosamente” un abeto. Por eso su especie se tomó como emblema del cristianismo.




- También se conoce una leyenda que dice que el árbol de Navidad fue descubierto por Persifal, un caballero de la mesa redonda del rey Arturo. Mientras el caballero buscaba el Santo Grial o cáliz de la última cena de Jesús, vio un árbol lleno de luces brillantes, que se movían como estrellas. El escritor alemán Goethe, en su libro Werther, también hizo mención a un frondoso arbusto lleno de caramelos y figuras religiosas.




- Una de las leyendas cuenta que un monje inglés, San Bonifacio, que organizó la iglesia francesa, encontró en uno de sus viajes, un grupo de paganos alrededor a un gran pino en el momento en que iban a sacrificar un niño en honor al Dios Thor. Para evitar el sacrificio y salvar al chico, San Bonifacio derribó el árbol con un poderoso y potente golpe de puño. El santo le dijo a los paganos que ese pino era el árbol de la vida y de la vida eterna de Cristo.




- Otra leyenda cuenta que Martin Luther King, fundador de la fe Protestante, mientras caminaba por un bosque en la víspera de Navidad, se quedó deslumbrado por la belleza de millones de estrellas que brillaban a través de las ramas de los árboles. Se quedó tan impresionado con lo que vio, que decidió cortar un pequeño árbol y llevarlo a la casa de su familia. Y para recrear la misma belleza que contempló en el bosque, colgó luces de colores en las ramas del árbol.




Existen muchas historias que justifican la existencia del árbol de Navidad. Y la mayoría proviene de los países nórdicos, más fríos, donde es muy común ver a las personas utilizando adornos con luces, guirnaldas, adornos, etc. El moderno árbol proviene de Alemania, y sus primeras referencias datan de finales del siglo XVI, cuando un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo. Hasta el siglo XIX no llegaría a Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Puerto Rico, China y Japón. La tradición del abeto decorado salió de Inglaterra a Estados Unidos, en los tiempos de la colonización. Se atribuye a August Imgard, un hombre de Ohio, la instalación del primer árbol navideño, en 1847. A partir de eso, la cultura norteamericana ha sido abanderada en materia de decoración de Navidad. En España, el árbol llegó a principios del siglo XX, y actualmente se encuentra por todo el mundo.

Un Regalo de Navidad



Por Amarilis Irigoyen


En una pequeña ciudad había una sola tienda que vendía arboles de Navidad. Allí se podían encontrar arboles de todos los tamaños, formas y colores.

El dueño de la tienda había organizado un concurso para premiar al arbolito más bonito y mejor decorado del año y lo mejor de todo, es que sería el mismo San Nicolás quien iba a entregar el premio, el día de Navidad.


Todos los niños de la ciudad querían ser premiados por Santa y acudieron a la tienda a comprar su arbolito para decorarlo y poder concursar.


Los arbolitos se emocionaban mucho al ver a los niños y decididos a ser el elegido, les gritaban:¡A mí... a mí... mírame a mí ¡


Cada vez que entraba un niño a la tienda era igual, los arbolitos comenzaban a esforzarse por llamar la atención y lograr ser escogidos.

¡A mí que soy grande!... ¡no, no a mí que soy gordito!... o ¡a mí que soy de chocolate!... o ¡a mí que puedo hablar!. Se oía en toda la tienda.

Pasando los días, la tienda se fue quedando sin arbolitos y sólo se escuchaba la voz de un arbolito que decía:

A mí, a mí... que soy el más chiquito.


A la tienda llegó, casi en vísperas de Navidad, una pareja muy elegante que quería comprar un arbolito.

El dueño de la tienda les informó que el único árbol que le quedaba era uno muy pequeñito.

Sin importarles el tamaño, la pareja decidió llevárselo.

El arbolito pequeño se alegró mucho, pues al fin, alguien lo iba a poder decorar para Navidad y podría participar en el concurso.

Al llegar a la casa grande, donde vivía la pareja, el arbolito se sorprendió:

¿Cómo siendo tan pequeño, podré lucir ante tanta belleza y majestuosidad?.

Una vez que la pareja entra a la casa, comenzaron a llamar a la hija:

¡Regina!... ven... ¡hija!... te tenemos una sorpresa.


El arbolito escuchó unas rápidas pisadas provenientes del piso de arriba. Su corazoncito empezó a latir con fuerza. Estaba dichoso de poder hacer feliz a una linda niñita.

Al bajar la niña, el pequeño arbolito, se impresionó de la reacción de esta.

¡Esto es mi arbolito!... Yo quería un árbol grande, frondoso, enorme hasta el cielo para decorarlo con miles de luces y esferas. ¿Cómo voy a ganar el concurso con este arbolito enano? Dijo la niña rompiendo en llanto.

Regina, era el único arbolito que quedaba en la tienda. Explicó su padre.

¡No lo quiero!...es horrendo... ¡no lo quiero! Gritaba furiosa la niña.

Los padres, desilusionados, tomaron al pequeño arbolito y lo llevaron de regreso a la tienda.


El arbolito estaba triste porque la niña no lo había querido pero tenía la esperanza de que alguien vendría por él y podrían decorarlo a tiempo para la Navidad.

Unas horas más tarde, se escuchó que abrían la puerta de la tienda.

¡A mí... a mí... que soy el más chiquito. Gritaba el arbolito lleno de felicidad.

Era una pareja robusta, de grandes cachetes colorados y manos enormes.

El señor de la tienda les informó que el único árbol que le quedaba era aquel pequeñito de la ventana.

La pareja tomó al arbolito y sin darle importancia a lo del tamaño, se marcho con este.

Llegando a la casa, el arbolito vio como salían a su encuentro dos niños gordos que gritaban:

¿Lo encontraste papi?... ¿Es cómo te lo pedimos mami?

Al bajar los padres del coche, los niños se le fueron encima al pequeño arbolito.

¿Y que pasó despues? Acaben la historia. Consulten a la familia...